¿Por qué varia el ritmo del tiempo en relatividad y en la vida diaria?
La
teoría de la relatividad predice que es posible que un individuo
observe que un reloj (exactamente idéntico al suyo) de otro individuo
marque el tiempo a un ritmo diferente que el que su reloj mida. El
tiempo puede ralentizarse para uno de los dos individuos en relación al
otro aunque, localmente, el tiempo siempre transcurre al mismo ritmo.
Según la relatividad, la dilatación temporal se produce por moverse a
enormes velocidades o por estar sometido a un intenso campo
gravitatorio.
· Relatividad restringida (o especial).
Explica la ralentización del tiempo en un individuo debida a su velocidad en relación a otro en estado de reposo o con una velocidad notoriamente inferior. Cuanto más rápido te muevas más despacio correrá para tí el tiempo en relación a otros que esten inmóviles.
En la vida diaria, la variación de esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos movamos como mínimo a una décima parte de la velocidad de la luz, unos 29.979 Km/s.
· Relatividad general.
Predice que el tiempo medido por un individuo bajo un campo gravitatorio es menor que el tiempo medido por otro individuo afectado por una gravedad inferior. Así pues, el reloj de una nave espacial marcará un ritmo más lento que el de un hipotético aventurero sobre la superficie del Sol.
En la vida diaria, la apreciar esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos afecten fuerzas gravitacionales de objetos estelares masivos.
· La vida diaria.
No es necesario moverse a velocidades relativistas o estar sobre una estrella de neutrones para tener la sensación que el tiempo no corre siempre al mismo ritmo. Todos hemos vivido situaciones en las que el tiempo parece detenerse o, por el contrario, avanza a una velocidad de vértigo. He aquí algunas experiencias propias:
· Aquella hora de estudio de alguna materia particularmente aburrida en la que cada cinco minutos trancurren a una velocidad pasmosa. O aquella interesante y amena que termina cuando parece que acaba de empezar.
· La película (o acontecimiento deportivo) que miras por hacer feliz a tu pareja (p.ej.) y dos horas se convierten en una eternidad al contrario que para esa feliz persona.
· Esa eterna reunión (de trabajo, de propietarios...) sobre algunos temas triviales a la que preferirías no asistir o la que trata de cosas que te afectan o interesan realmente.
· Una hora al lado de esa persona que te gusta parecerá cinco minutos y cinco minutos al lado de esa que medio evitas te pareceran una hora.
Estas y muchísimas situaciones más parecen indicarnos que el tiempo no es, en absoluto, una magnitud absoluta. Seguramente, estaréis de acuerdo conmigo (o no).
· Relatividad restringida (o especial).
Explica la ralentización del tiempo en un individuo debida a su velocidad en relación a otro en estado de reposo o con una velocidad notoriamente inferior. Cuanto más rápido te muevas más despacio correrá para tí el tiempo en relación a otros que esten inmóviles.
En la vida diaria, la variación de esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos movamos como mínimo a una décima parte de la velocidad de la luz, unos 29.979 Km/s.
· Relatividad general.
Predice que el tiempo medido por un individuo bajo un campo gravitatorio es menor que el tiempo medido por otro individuo afectado por una gravedad inferior. Así pues, el reloj de una nave espacial marcará un ritmo más lento que el de un hipotético aventurero sobre la superficie del Sol.
En la vida diaria, la apreciar esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos afecten fuerzas gravitacionales de objetos estelares masivos.
· La vida diaria.
No es necesario moverse a velocidades relativistas o estar sobre una estrella de neutrones para tener la sensación que el tiempo no corre siempre al mismo ritmo. Todos hemos vivido situaciones en las que el tiempo parece detenerse o, por el contrario, avanza a una velocidad de vértigo. He aquí algunas experiencias propias:
· Aquella hora de estudio de alguna materia particularmente aburrida en la que cada cinco minutos trancurren a una velocidad pasmosa. O aquella interesante y amena que termina cuando parece que acaba de empezar.
· La película (o acontecimiento deportivo) que miras por hacer feliz a tu pareja (p.ej.) y dos horas se convierten en una eternidad al contrario que para esa feliz persona.
· Esa eterna reunión (de trabajo, de propietarios...) sobre algunos temas triviales a la que preferirías no asistir o la que trata de cosas que te afectan o interesan realmente.
· Una hora al lado de esa persona que te gusta parecerá cinco minutos y cinco minutos al lado de esa que medio evitas te pareceran una hora.
Estas y muchísimas situaciones más parecen indicarnos que el tiempo no es, en absoluto, una magnitud absoluta. Seguramente, estaréis de acuerdo conmigo (o no).

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