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dijous, 27 de març del 2014

Somos, desde siempre, viajeros espaciales.







    Aparentemente, tumbados en la chaise longue mirando la televisión o haciendo la siesta, parece que estemos en el reposo más absoluto. Pero sólo lo estamos respecto al suelo, en este caso del comedor o del salón. Para aquellos que puedan ser un poco escépticos, tened en cuenta que al volar en un avión a velocidad constante de crucero de 900 km/h (respecto al suelo) en un cielo claro y sin turbulencias, tenemos la sensación de estar quietos. Damas y caballeros, bienvenidos a la nave espacial Tierra y abróchense los cinturones.

    Empecemos con el movimiento de rotación. La tierra gira sobre su eje y dependiendo de dónde estemos situados giraremos más deprisa o más lentamente. Si estuviésemos encima de uno de los polo, apenas sí girariamos, pero conforme empezamos a movernos hacia el Ecuador terrestre, ésto cambia. En España nos desplazamos a 1.280 km/h y en el Ecuador de la Tierra giran a 1.670 km/h.

    Parece increible. Empezamos a ridiculizar la velocidad de un Jumbo respecto al suelo. Pero ésto es como una peonza dando vueltas. En el espacio, ¿viajamos mucho más deprisa? Agarraos fuerte.

    Completamos una vuelta alrededor del Sol en un año en una óbita de 150 millones de kilómetros de radio medio. Ésto implica movernos, respecto al Sol (velocidad de translación), a unos 107.208 km/h. Es el equivalente a mach 87.

    El Sol, y el Sistema Solar con él, orbita el centro de la Vía láctea. El radio de dicha órbita es de unos 25.000 años luz y tardamos unos 230 millones de años aproximadamente en dar un vuelta completa. Por lo tanto, el Sol se mueve alrededor del centro galáctico a la velocidad de 792.000 kilómetros por hora (220 km/s).

    Evidentemente, la Vía Láctea tambien viaja. La hemos enmarcado en el Grupo Local, un cúmulo de 30 galaxias con un billete para el mismo destino. Andrómeda y la Vía Láctea son las mayores del grupo y bailamos en nuestro viaje acercándonos mútuamente a 468.000 km/h (130 km/s). Pasarán más de 2.000 millones de años antes que empecemos a besarnos.

    ¿Y cuál es el destino de Andrómeda, la Vía Láctea y el resto de compañeras del Grupo Local? Pues estamos cayendo hacia el supercúmulo de Virgo, donde algo nos atrae irresistiblemente. Y nos atrae mucho, tanto que lo hacemos a 600 km/s, o lo que es lo mismo, 2.160.000 km/h.

    Somos, desde siempre, viajeros espaciales. Y seguramente haya más, pero voy a comentarle todo ésto al policía de tráfico a ver si me perdona la multa por circular a 140 km/h.

diumenge, 16 de març del 2014

The final cut. (And if I...)

Through the fish eyed lens of tear stained eyes
I can barely define the shape of this moment in time.

And far from flying high in clear blue skies,
I'm spiralling down to the hole in the ground where I hide.

If you negotiate the minefield in the drive,
and beat the dogs and cheat the cold electronic eyes,
and if you make it past the shotgun in the hall,
dial the combination, open the priesthole,
and if I'm in I'll tell you what's behind the wall.

There's a kid who had a big hallucination,
making love to girls in magazines.
He wonders if you're sleeping with your new found faith,
could anybody love him,
or is it just a crazy dream?

And if I show you my dark side
will you still hold me tonight?
And if I open my heart to you
and show you my weak side,
what would you do?

Would you sell your story to rolling stone?
would you take the children away,
and leave me alone?

And smile in reassurance
as you whisper down the phone,
would you send me packing,
or would you take me home.

Thought I oughta bare my naked feelings.
Thought I oughta tear the curtain down.
I held the blade in trembling hands,
prepared to make it but just then the phone rang,
I never had the nerve to make the final cut.


OMG. Crazy world. This is my reality. This is my madness. And many don't want to recognize.
How great is Roger Waters. You have to be a genius to realize that.
No more comments.

dimecres, 12 de març del 2014

Personas imprescindibles e irremplazables.



Bertolt Brecht escribió que sólo los débiles no luchan y, aunque puedan o no estar equivocadas,

"Hay personas que luchan un día y son buenas.
Hay otras que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenas.
Pero las hay que luchan toda la vida:
esas son las imprescindibles."


¡Cómo admiro a esas personas! Esas personas que, a pesar de los malentendidos y contratiempos, de las decepciones y desilusiones , de las derrotas y fracasos y de grandes pérdidas en su vida, tienen el valor, la fuerza y el coraje de afrontarla de cara y no rendirse jamás.
Y si en mitad de la tormenta son excepcionales, en tiempos de bonanza son inefables.
Estas personas son realmente irremplazables. He tenido la suerte de haber conocido a algunas de ellas.

divendres, 7 de març del 2014

Dilatación del tiempo en relatividad y en la vida diaria.

¿Por qué varia el ritmo del tiempo en relatividad y en la vida diaria?





La teoría de la relatividad predice que es posible que un individuo observe que un reloj (exactamente idéntico al suyo) de otro individuo marque el tiempo a un ritmo diferente que el que su reloj mida. El tiempo puede ralentizarse para uno de los dos individuos en relación al otro aunque, localmente, el tiempo siempre transcurre al mismo ritmo. Según la relatividad, la dilatación temporal se produce por moverse a enormes velocidades o por estar sometido a un intenso campo gravitatorio.

· Relatividad restringida (o especial).

    Explica la ralentización del tiempo en un individuo debida a su velocidad en relación a otro en estado de reposo o con una velocidad notoriamente inferior. Cuanto más rápido te muevas más despacio correrá para tí el tiempo en relación a otros que esten inmóviles.

    En la vida diaria, la variación de esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos movamos como mínimo a una décima parte de la velocidad de la luz, unos 29.979 Km/s.

· Relatividad general.

    Predice que el tiempo medido por un individuo bajo un campo gravitatorio es menor que el tiempo medido por otro individuo afectado por una gravedad inferior. Así pues, el reloj de una nave espacial marcará un ritmo más lento que el de un hipotético aventurero sobre la superficie del Sol.

    En la vida diaria, la apreciar esta magnitud es insignificante. Es indetectable a no ser que nos afecten fuerzas gravitacionales de objetos estelares masivos.

· La vida diaria.

    No es necesario moverse a velocidades relativistas o estar sobre una estrella de neutrones para tener la sensación que el tiempo no corre siempre al mismo ritmo. Todos hemos vivido situaciones en las que el tiempo parece detenerse o, por el contrario, avanza a una velocidad de vértigo. He aquí algunas experiencias propias:

    · Aquella hora de estudio de alguna materia particularmente aburrida en la que cada cinco minutos trancurren a una velocidad pasmosa. O aquella interesante y amena que termina cuando parece que acaba de empezar.

    · La película (o acontecimiento deportivo) que miras por hacer feliz a tu pareja (p.ej.) y dos horas se convierten en una eternidad al contrario que para esa feliz persona.

    · Esa eterna reunión (de trabajo, de propietarios...) sobre algunos temas triviales a la que preferirías no asistir o la que trata de cosas que te afectan o interesan realmente.

    · Una hora al lado de esa persona que te gusta parecerá cinco minutos y cinco minutos al lado de esa que medio evitas te pareceran una hora.

    Estas y muchísimas situaciones más parecen indicarnos que el tiempo no es, en absoluto, una magnitud absoluta. Seguramente, estaréis de acuerdo conmigo (o no).

diumenge, 2 de març del 2014

Aquello que sientes realmente.

Escric aquesta història en castellà perquè per mal que em sàpiga és més internacional que la meva llengua i, sobretot, perquè l'he trobada escrita en castellà (i no l'he de picar).

Napoleón Bonaparte, emperador de los franceses, se había alojado en una posada situada en pleno campo para pasar la noche.
Por la mañana, se levantó de la cama, se vistió y bajó las escaleras de la posada. Varios generales que estaban en la cocina se pusieron firmes y saludaron cuando el emperador entró. El posadero y su mujer también se encontraban allí. Ambos, al principio, se habían asustado ante la presencia del ejército francés, acampado en los prados de los alrededores, y por tener al propio emperador en su casa. Sabían que éste tenía un genio terrible.
Pero ahora estaban a punto de marcharse. Napoleón aceptó una taza de café del posadero y dijo:
- Has sido un buen huésped. Quiero recompensarte. Dime qué deseas y será tuyo.
Estas palabras sorprendieron al posadero. No esperaba que se le pagara. Estaba asustado.
“Si pido mucho – pensó el posadero-, quizá se enfade y me castigue. Si le pido algo que no pueda darme, posiblemente se enfurecerá también”.
- ¿Qué eliges? – preguntó el emperador.
- Excelencia, nuestras necesidades son pocas y tenemos cuanto deseamos. Ha sido un gran placer serviros. No queremos recompensa alguna.
- Pero yo insisto en pagarte. ¡Dime cuál es el precio! – pidió Napoleón.
- Excelencia, no necesitamos nada. Pero si vuestro deseo es recompensarnos, en vez de darnos dinero, quizá podríais relatarnos algún suceso.
- ¿Cuál?- preguntó Napoleón.
- Hemos oído que durante la campaña de Rusia, el enemigo se apoderó de la granja donde habíais pasado la noche. Mientras los rusos registraban la casa os escondisteis en la chimenea – dijo el posadero-. Yo me consideraría recompensado si Vuestra Excelencia nos dijera como os sentíais mientras los rusos os buscaban.
Cuando el posadero terminó de formular su petición, miró al emperador y quedó horrorizado. Había una expresión de furia en el rostro de Napoleón. Con una señal llamó a dos de sus hombres y después se dirigió a la puerta. Los soldados se apoderaron del posadero y de su mujer y los sacaron al patio del establo, los llevaron a un rincón y los pusieron de espaldas a una valla.
El posadero comenzó a suplicar:
-¡Por favor, Excelencia, tened piedad de nosotros! No lo hice con mala intención. Siento lo que dije. Si queréis matarme, perdonad al menos a mi mujer. ¡Apiadaos de nuestros hijos!
Y mientras decía esto, su mujer sollozaba desesperadamente.
El emperador permanecía impasible. Mientras tanto, los soldados ataban a la espalda las manos del posadero y de su mujer.
Después se alejaron de ellos unos pasos y el posadero vió como levantaban las armas y se disponían a disparar. Sólo entonces Napoleón habló:
-¡Preparados! –ordenó a los soldados-.!Apunten!
La mujer del posadero lanzó un grito.
-¡Alto! –gritó el emperador. Y avanzó hacia donde estaban los prisioneros.
-Ahora –dijo-, ya sabes cómo me sentía cuando los rusos me estaban buscando.



La moral d'aquesta història és que, sovint, no pots comprendre el que sent una persona sinó t'has trobat en una situació similar.
(Moraleja: a menudo no puedes comprender lo que siente una persona si no te has encontrado en una situación similar).